Homélie CG 29 06 2018

Entonces el ángel le dijo: « Ponte el cinturón y átate las sandalias ». Ponte el cinturón: detengámonos un momento en este gesto que Pedro y Pablo han recibido en diferentes momentos.

Al final del Evangelio según san Juan Jesús dice a Pedro «  »otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras ». San Pablo, en los Hechos de los Apóstoles, también se encuentran, en el capítulo XXI, llegando a Cesarea, se encontró con un hombre, Agabas, que le hizo el mismo gesto de ser sujetarle con un cinturón. Destino común entre estos dos hombres ceñidos por un cinturón, y destino que es común a todos nosotros, hermanos y hermanas, ​​para vivir esta experiencia, nosotros también estamos sujetos por un cinturón, a veces somos conducidos a un lugar al que no queremos ir.

En la tradición bíblica, al contrario de lo que podríamos pensar, en un primer momento, el cinturón, el ser ceñido, atado, no significa estar oprimido, no significa ser un esclavo. El pueblo de Israel, cuando pasa el Mar Rojo deja una condición de esclavitud, se rompen sus cadenas para entrar en una condición de servidores, de aquel que ata su cintura. Y justo en el momento de la cena de Pascua, los hebreos son invitados a tomar un palo en la mano, poner las sandalias en los pies, y la cinta atada a la cintura.

Creo que es hermoso en esta tradición, y que también fue propuesto a San Pedro y San Pablo, fue descubrir que lo que creemos que nos oprime y quita la libertad en nuestra vida, lo que parece atacar nuestra libertad, este famoso cinturón que nos ata, que nos obliga a ir a donde no queremos ir, este cinturón, de hecho, nos estructura. El cinturón es capaz de « estructurar » la ropa …  os lo puedo decir después de haber llevado durante 25 años un hábito monástico. Este cinturón que Dios da a cada uno de nosotros, esto no es para degradarnos o paralizarnos, sino al contrario, este cinturón está hecho para levantarnos, para ponernos en camino, en viaje en esta vida que nos ha sido propuesta. Es como la de Pedro y Pablo, que atados, muestran una vivacidad, una inteligencia, una inventiva extraordinaria en el anuncio del Evangelio.

Esto es lo que celebramos hoy, es realmente un destino común que el Señor nos da todos y todas, a partir de esto, que estamos atados a nuestras vidas, a nuestro sufrimiento, pero estamos obligados a todo esto con el Cristo que nos acompaña. Él está aquí para sujetarnos a Él para la vida eterna. AMEN

EN

Then the angel told him: «put on your belt and put on your sandals». Put on your belt: Let us stop for a moment on this gesture that Peter and Paul both received At the end of the Gospel according to St. John, it is said to Peter that he will be bound by a belt and that he will go where he does not want to go. St. Paul, in the Acts of the Apostles, in the twenty-first chapter, when he arrives at Caesarea, meets a man, Agabas, who does the same thing to bind him by his girdle. Common destiny between these two men to be bound by a belt, and destiny that is common to all of us, brothers and sisters, to live this experience, to tell us that we, too, are bound by a belt, that sometimes we go where we would not go In the biblical tradition, contrary to what we might think, at first glance, the belt, to be bound, it is not reductive, it is not to be slave. The people of Israel, when it passes the Red Sea leaves a condition of slave, they break their chains to enter the condition of servants, the one who ties his belt. And likewise, at the time of the Easter meal, the Hebrews are invited to have the staff in their hands, the sandals on their feet, and the belt tied around their loins. I believe that what is beautiful in this tradition, and what is still proposed to St. Peter and St. Paul is to discover that what we think is reductive to our life, which seems to be an attack on our freedom, this famous belt that binds us, which forces us to go where we do not want to go, this belt, in fact, it structures us. A habit is structured by its belt … it is my experience that I have taken 25 years during a monastic life. This belt that God gives us to each one, it is not to debase us, nor to paralyze us, but, on the contrary, this belt is made for us to get up, for our departure on the road, for us to travel in this life which is proposed to us. This is how Peter and Paul, attached, display a vivacity, an intelligence, an inventiveness extraordinary in the anounce of the gospel. What we are celebrating today as brothers and sisters, it is truly a common destiny that the Lord gives us to all, starting from this observation, because we are linked to our life, to our sufferings, but we are bound to all this with the Christ who accompanies us. He is here to bind us to Him for eternal life. AMEN.

2018-06-29T16:14:31+00:00juin 29th, 2018|Mots-clés : , , |