Homilía CG05–07–2018 – P. André Cabes (Rector del Santuario de Lourdes)

Acojamos también nosotros esta palabra en la mañana: “tus pecados son perdonados”. Pero las dos actitudes que percibimos en el Evangelio son posibles: la que acoge esta buena noticia y el que la rechaza. La Palabra revoluciona todas nuestras resistencias. Por ella somos arrastrados a una nueva vida, el Señor pasa a través de nosotros para hacernos avanzar en la confianza. Madre María Eugenia tenía esta confianza en la vida nueva que hace renacer incluso los corazones que están paralizados. Jesús muestra una actitud de confianza frente a los escribas que dicen que blasfema. Lo que vemos en ellos es la negación de la vida, la muerte; también nosotros podemos tener esta complicidad con ellos, en nuestro corazón hay veces que nos mantenemos en la negación de la vida. Sin embargo, hoy se nos propone un camino de conversión, como el que se propone al Pueblo de Israel en la primera lectura. El Pueblo perdió su confianza en el Señor, habitaba grandes palacios y tenía instituciones estables en el reino, pero el profeta anuncia que el rey morirá por la espada. El perdón debe pasar por la conversión del corazón, no conversiones exteriores. El pueblo de Israel no está listo, él cree que no es posible lo que anuncia el profeta, no cree, está instalado en su buena situación. Pero al Señor no le gustan los instalados, no tiene donde reposar la cabeza. Como Mateo, Jesús nos levanta de nuestra mesa de recaudadores, y nos insta a seguirle, a seguir al que es el viviente y da la verdadera vida. Pidamos también esta gracia del aliento del Espíritu que nos dice que estamos hechos para una vida nueva. Sigamos haciendo esta experiencia de acoger este soplo del Espíritu Santo, esta palabra que nos da que nos insta a levantarnos y coger la vida nueva, e ir a casa, la casa de Dios.

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2018-07-07T09:59:25+00:00juillet 5th, 2018|Mots-clés : , |