Homilía CG06–07–2018 – Padre Luigi, franciscano

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La sencillez del texto del Evangelio que hemos escuchado hoy parece tan simple que no somos capaces de percibir su belleza. En esa sencillez se nos revela el mensaje de la ternura profunda del Padre. Un mensaje que es sorprendente. Nos encontramos en una comida festiva, en un banquete donde Jesús no debería estar, y por ello suscita la extrañeza de sus contemporáneos. Lo previsto por la religión es respetar las leyes de los judíos, no podía presentarse en una comida con pecadores, y además va con sus discípulos, de esta manera, los hacía también cómplices. Es un poco sospechoso desde el punto de vista de los fariseos que saben lo que se tiene que hacer y lo que no en cada momento. Y comer con pecadores, seguro que no se puede hacer.

Mateo era un recaudador de impuesto, era mal visto, considerado un pecador, y sus amigos los publicanos también. Era para ellos sorprendente que uno de ellos fuera llamado para formar parte de los discípulos de Jesús, uno de ellos, por eso, quizás, celebraron una fiesta. No era una comida de gente piadosa no era un capítulo. Fue de verdad sorprendente. El gozo que llena el corazón de todos esos invitados, toca el corazón de los discípulos. Jesús es el que posibilita todo esto. Y es por ello que Jesús dice que quien necesita médico son los pecadores, y por ello tienen el primer lugar.

Nos podemos preguntar ¿deja a los justos de lado? No se trata de esto, estamos casi en la frontera entre los que son justos y los que son pecadores, ambos participan del gozo de Dios, no nos deja de lado. Todos somos llamados a estar con Jesús, hemos sido enviados con Él para rescatar a quien está perdido, para ir a los pecados. Somos de esos que hemos sido enviados al mundo para ver el mundo con los ojos de Dios, para amar con el corazón misericordioso de Dios. Dios es capaz de abandonar las 99 ovejas para ir a buscar 1 que se había perdido. Dios nos hace entrar en este movimiento de colaboración, nos introduce en esta aventura.  Aunque estamos en el lado de los justos, sabemos lo que hay que hacer, aunque con incoherencias, pero se nos invita a salir a las fronteras. Jesús no es un guarda de fronteras, es un pastor, pasa el tiempo a la puerta del corral para proteger a las ovejas, abre la puerta para que entremos y salgamos, y nos conduce. El corral nos fortalece, pero la vida no es un corral, Jesús nos empuja a las fronteras, Él ha inscrito su bondad en el rostro de los que nos rodeas; en su dolor, en sus heridas, en su pecado… se vislumbra la posibilidad de la misericordia. Estamos llamados a correr, a ir al mundo, atrevernos a ir fuera de los caminos trazados.

El amor del Señor puede de esta manera hacer crecer la vida, nosotros tenemos que ser los buscadores apasionados del amor del Señor. Qué cosa más grande que ser invitados a ser esto. Es algo muy bello. Rezo por mí mismo primero, porque también me gusta estar tranquilo en mis hábitos, en lo conocido… ¿Por qué ir fuera? ¿dónde? ¿a hacer qué? ¿con qué gente? No importa, estamos con Jesús, buscando la vida, para sanar, para levantar, para caminar con, para alegrarnos con lo que hace nacer.

Id con él, rezo por vosotras, que están comprometidas en las búsquedas en este capítulo en lo que será su vida. Que el Señor Jesús lo haga posible.

2018-07-07T10:21:23+00:00juillet 6th, 2018|Mots-clés : |