Homilía CG07–07–2018 – P. Jean Marcel (Capucin)

El Señor nos ha acompañado con su palabra durante este Capítulo General con mucha fuerza. Es increíble cómo la Palabra nos despierta, nos moviliza. La lectura del evangelio de ayer con la llamada de san Mateo, que es también una llamada para nosotros a dejar todo eso a lo que nos aferramos para seguir al Señor. Es bonito ver cómo en el Capítulo General la palabra se hace profética, nos anima, consuela, nos descolocas. Es importante ponernos a la escucha de esta palabra, porque sus ovejas escuchan su voz y ellas le siguen. Somos parte de su rebaño, le escuchamos y le seguimos.

El pasaje del evangelio de hoy me ha hecho reflexionar mucho y verdaderamente siento que caminamos juntos. Como religioso, comparto la misma experiencia que vosotras, compartimos la respuesta que tenemos que dar a Dios, y juntos buscamos lo que debemos ser para esta generación. Debemos discernir cómo conservar las instituciones del pasado, que son fecundas, pero al mismo tiempo enriquecerlas con lo que ha sido descubierto, experimentado, Para vivir el presente y el futuro es esencial el pasado. Pero en nuestra vida de fe debemos descubrir también el paso de Dios por nuestra vida, el paso por la vida de nuestros fundadores que son el patrimonio que tenemos que conocer, transmitir, vivir…. Sin duda su manera de ser y de vivir eran buenas, pero quizás debemos dejar cosas, dejar maneras de hacer… Sobre todo, debemos dejar todo aquello que so capa de voluntad de Dios, esconce la propia voluntad.

Dejémonos interpelar, maravillar por la palabra; en concreto, la de hoy, es como un puñetazo en el estómago. Me sorprendió esta mañana el pasaje paralelo de Lucas, donde se decía algo que no está en Mateo: “Alguien que ha vivido lo viejo no quiere vivir lo nuevo, porque dice que lo viejo era mejor”. Qué nos quiere decir. Jesús no dice nunca que lo viejo sea mejor, sino que es lo que la gente piensa, los judíos rechazaron el vino nuevo que el Señor quiere ofrecer. ¿Cómo aplicarlo a la vida religiosa?, ¿cómo podemos vivirlo concretamente?, ¿qué contenido concreto nos quiere transmitir como congregación? Nuestras congregaciones y comunidades son como odres, podemos decir que lo viejo era mejor, el Concilio Vaticano II decía que volviésemos a las fuentes, podemos decir que lo viejo es mejor, y podemos buscar fuera del presente el vino. Y vemos que puede ser algo bueno, pero ¿continuamos a decir que lo viejo era mejor? Os ahorro las batallas de comprender la hermenéutica que nos da el gusto de lo viejo. Pero quiero exhortaros a tener la valentía de preguntaros ¿qué gusto tiene el vino nuevo que Jesús nos ofrece? Tener la valentía de dejar de defender las ideas propias, las posiciones… las ideologías, me atrevería a decir… para gustar finalmente lo que es nuevo. No tengamos miedo de lo nuevo. La Vida Religiosa está en crisis, nuestros capítulos, se habla de cierre, de envejecimiento, de crisis de vocaciones, y hay un peligro de fijarnos solo en las formas exteriores, o de recurrir a un activismo libre de formas… y perder la fuerza interior que nos ayuda a encontrar nuevas energías. El vino nuevo de la enseñanza de Jesús no puede encerrarse en los odres viejos que son incapaces de abrirse en las nuevas promesas. Esa es la llamada a vivir la conversión del corazón en nuestro compromiso religiosa.

Pidamos al señor ser odres nuevos para contener un vino nuevo, con una vida plena de sentido. Invoquemos el Espíritu Santo para que nos dé esta gracia para nuestra vida y para la vida del mundo. Amén.

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2018-07-07T11:06:24+00:00juillet 7th, 2018|Mots-clés : |