Homilía CG12–07–2018

El Evangelio que acabamos de escuchar nos ofrece un mensaje particular que puede orientarnos en las reflexiones del capítulo. Jesús da sus discípulos las instrucciones necesarias para realizar su misión: enseñar, curar, purificar, dar la paz, expulsar los demonios… El trabajo del apóstol solo tiene a Cristo y su manera, ir a las fronteras al servicio de la vida, es seguir al maestro en su misión con los pequeños y los pobres.

También la primera lectura da sentido a nuestra misión. El profeta Oseas nos invita a contemplar la actitud de Dios ante un pueblo infiel. El amor de Dios por su pueblo, que acompaña con una ternura maternal, pero el pueblo huye de Dios. Dios detiene su cólera, lo quisiera destruir, pero su corazón se vuelve contra sí mismo, sus entrañas se estremecen. Esto nos revela que Dios frena su cólera para dejar paso a su misericordia. No retiene nada para sí. El corazón de Dios se vuelve contra Él mismo, para ponerse al servicio de la vida.

Mirando la cruz, se aprende a amar, se percibe la fuerza del perdón. Comprendemos así la misión. Así aprendemos a curar, a resucitar… a ofrecer el camino de regreso a Dios, más allá de todo. Ser servidores de los hombres y mujeres a Dios, es esta nuestra misión. La gratuidad que Jesús nos dice, dar gratis lo recibido gratis, es la generosidad que tenemos que tener los apóstoles, pidámoslo en esta Eucaristía.

2018-07-12T17:48:10+00:00 juillet 12th, 2018|Mots-clés : |