Homilía CG19–07–2018 André Cabes

Nos gusta este pasaje del Evangelio. Algunos exegetas subrayan que parece un pasaje de san Juan en el Evangelio de Mateo. Desentona con el contexto. Jesús acaba de manifestar su incomodidad de aquellas ciudades cercanas, que le deberían conocer; sociedad corrupta como Cafarnaúm; dice de ella que sube hasta el cielo, pero que caerá hasta el abismo. Pero de repente se pone a bendecir, porque son los pobres los que descubren la revelación que el Hijo hace del Padre. Son ellos los que entran en el seno de Dios, en su corazón para conocerlo.

La experiencia de estas semanas quizás os ha hecho entrar en este misterio, en el seno de Dios. No como los de Cafarnaúm que quieren tocar, ver. Se os ha invitado a entrar en ese ser filial de Jesús, en su relación con el Padre. Pero para ello, también hay que acoger su camino, el peso de la cruz. Es pesada, pero es el Señor el que lo lleva, por eso se hace ligero su yugo. Estamos crucificados, pero con Él. Es ese “con” lo que define a nuestro Dios. Nos define también a los que entran en su misterio. Solo podemos ser verdaderamente nosotros “con” Él. Solo podremos estar en ese “con Él” si entramos en un nosotros, si nos vivimos en un “nosotros”. Esa es la alegría de Dios. Estamos hecho para vivir en un nosotros. Crucificar nuestra voluntad, no existir por nosotros mismos, sino liberarnos de ese peso que somos los unos para los otros. Como ese niño que cargaba a su hermanito, y un hombre le dijo “no es un peso demasiado fuerte”, y él respondió, “no me pesa, es mi hermano”. Tenemos siempre esa tentación de vernos siempre como individuos, no como comunidad, y eso no funciona. Es todo lo contrario, la Iglesia, la Trinidad, es una vida “con”, y esto es lo que se nos propone. Que Dios nos dé la Gracia de vivir en las dimensiones del mundo. No estaremos limitados todos, reconoceremos a los conocidos, pero nos reconoceremos en conexión. Es la misma realidad compartida, nuestro Dios comunión nos recuerda esto.

En este capítulo, espero que no hayáis vivido lo que dice Isaías, esa mujer que concibe y da a luz viento. Se nos abre un camino de cruz, no hay camino sin cruz, sin cruz estaríamos fuera, desconectados de la realidad del mundo. La cruz está clavada en la realidad del mundo. Pero la Cruz está visitada, llena de la resurrección.

Demos gracias al Señor por esta familia, por este tiempo, por esta casa… en este tiempo en el que hemos experimentado cuánto es bueno llevar contigo nuestros pesos, encontrar junto a ti el reposo. Que seamos portadores de este peso, que es al mismo tiempo don de Dios para el mundo.

2018-07-19T21:17:44+00:00juillet 19th, 2018|Mots-clés : |