Homilía del padre Jean Marcel (Capuchino) – 25 06 2018 – ES – FR

La palabra del Señor que nos acompaña a lo largo de este Capítulo General es muy apropiada. Es una Palabra que nos ayuda a caminar deseando verdaderamente buscar la voluntad de Dios. En concreto la de hoy es una llamada a dejar de lado consideraciones demasiado humanas, consecuencia sin duda de nuestra fragilidad humanada.

Hay en el Evangelio de hoy una palabra que me interpela. Es esa palabra con la que Jesús juzga a los hombres religiosas de su tiempo, los llama hipócritas. En Mateo aparece 13 veces esta palabra, y en el fragmento de hoy, referido a su capacidad de ver, o más bien de “no ver” debido a la un impedimento gordo “viga en el ojo”.

El papa Francisco, en una de sus homilías en santa Marta, dijo que un verdadero cristiano no puede ser hipócrita, y que un hipócrita no será nunca un verdadero cristiano. Da una definición muy clara de la hipocresía: una manera de vivir, de actuar o de hablar no verdadera. No se puede considerar ni luz ni tinieblas, se desplaza o camina como si no amenaza a nadie, tiene como un encanto, no dice las cosas claramente, sino como usando el encanto de la mentira y de la apariencia. El papa se ha referido a ello poniendo como ejemplo alguna de sus reuniones o asambleas en el Vaticano.

Como soy religioso quiero insistir en algo importante en un capítulo. Conozco el aire que a veces circula en nuestras asambleas; un aire no siempre sincero y sencillo, y sin embargo Jesús siempre fue de frente. Cuando habla de la hipocresía, el papa comenta este pasaje, no es una trangresión volunatria o consciente de la verdad, hay veces que es inconsciente. El papa reprocha que el hipócrita privilegia las apariencias, los honores, se apega a la letra y no al espírtu de la ley. Reprocha muchas cosas. Este Evangelio nos descubre otra faceta importante, igualmente peligrosa de la hipocresía, la de no ser capaz de ver claro. Nos pone en guardia, nos invita a la vigilancia, en este momento crucial que significa un capítulo, es muy importante tenerlo claro. El pasaje asocia la hipocresía a la ceguera. El hipócrita no ve claro, porque no se ha percatado de la viga en el ojo propio, que le hace incapaz de ver la paja en el ojo ajeno. La viga le hace incapaz de discernir, de juzgar rectamente. Sería un peligro muy grave en un capítulo no tener el don de discernimiento. Pararnos en nuestros puntos de vista, en nuestras ideas, sin ver lo que está a nuestro alrededor es muy peligroso.

En otros lugares del Evangelio se nos recuerda otras historias que nos advierte del peligro de no querer sacrificar la oveja propia y hacerlo con la ajena, o de apegarse a las riquezas y perder la luz. La hipocresía es no darse cuenta del pecado cometido.

Para nosotros, comprender de forma más clara, significa es aproximarse a la hermana que está a nuestro lado, y comprendernos mutuamente. Todos tenemos una mirada oscurecidad por el pecado, minimizamos los pecados propios y no los ajenos, pero hoy somos llamados a tener ojos misericordiosos. Que el Señor nos de la gracia de abrir nuestros corazones para recibir la luz, y poderla compartir. Es el único camino que podemos recorrer para ver claro, para crecer, para vivir la comunidad. Repitamos el salmo que reza: “Unifica mi corazón en el temor de tu nombre”. Para llegar a construir comunidad y ser capaces de tomar decisiones a la luz del Señor, necesitamos de este corazón unificado.

2018-06-26T11:10:34+00:00juin 25th, 2018|Mots-clés : , |